La frontera entre el espectáculo deportivo y la especulación financiera se ha desvanecido por completo. En el portal oficial de reventa de la FIFA, cuatro asientos de Categoría 1 para la final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, programada para el 19 de julio, han aparecido con una etiqueta de precio que desafía cualquier lógica ya que de acuerdo a un reporte de Sky News, las localidades tienen un costo 2,299,998.85 dólares por cada entrada.
Mientras otros lugares en la misma sección, ubicados detrás de las porterías, se ofertan por 16,098 dólares, estos cuatro boletos representan la cúspide de un mercado desregulado. El organismo rector, lejos de intervenir en los topes de precio, se beneficia directamente de la transacción. La FIFA cobra una comisión del 15 por ciento tanto al vendedor como al comprador; en términos prácticos, si solo uno de estos asientos se vendiera, el organismo se embolsaría 600,000 dólares de forma automática.
El contraste mexicano con la reventa
La disparidad en la organización del torneo es total. Mientras que en Estados Unidos y Canadá la reventa premium es legal y opera bajo “precios variables” de mercado, los partidos disputados en México se rigen por una plataforma separada. Allí, las leyes locales obligan a que las entradas sólo puedan listarse al precio nominal o inferior, cerrando la puerta al lucro desmedido de los revendedores.
La defensa de Infantino del costo de entradas
Ante la oleada de críticas por fallas técnicas y el aumento deliberado de precios, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, optó por la retórica del equilibrio. El directivo admitió desconocer la legalidad de la reventa en territorio estadounidense antes del proceso, pero defendió la estructura económica argumentando que los ingresos alimentan el futbol en 211 naciones.
“Somos una organización sin ánimo de lucro. Todos los ingresos los invertimos en el futbol mundial; tres cuartas partes de los países no tendrían futbol organizado sin nuestras subvenciones”, declaró Infantino.
A pesar de estas palabras, la introducción de nuevas etiquetas como la “Categoría Delantera 1” confirma que el torneo de 2026 no sólo será el más grande de la historia, sino también el más agresivo en términos de recaudación, mimetizando las prácticas más voraces del entretenimiento en Estados Unidos, México y Canadá.