El cambio climático, durante años una advertencia abstracta para el olimpismo, ya empuja decisiones concretas. El Comité Olímpico Internacional confirmó que analiza adelantar los Juegos Olímpicos de Invierno a enero, una posibilidad inédita que rompe con más de seis décadas de tradición y abre un debate de alto impacto deportivo, logístico y comercial.
Desde Innsbruck 1964, cuando los Juegos se inauguraron el 29 de enero, todas las medallas olímpicas de invierno se han disputado en febrero. Mover el calendario supondría alterar una estructura histórica que hoy se ve presionada por inviernos más cortos, temperaturas menos predecibles y una mayor dificultad para garantizar nieve natural en sedes tradicionales.
Karl Stoss, miembro del COI y responsable de supervisar la revisión del programa deportivo, reconoció que la opción está sobre la mesa.
“Quizás también estemos considerando adelantar un poco los Juegos Olímpicos de Invierno. El argumento central no es deportivo sino climático. Marzo, mes en el que hoy se celebran los Juegos Paralímpicos de Invierno, comienza a ser demasiado tardío para asegurar condiciones seguras. El sol es lo suficientemente fuerte como para derretir la nieve”, explicó Stoss, originario de Austria, una potencia histórica del esquí alpino.
El escenario que analiza el COI contempla Juegos Olímpicos en enero y Paralímpicos en febrero, un ajuste que permitiría reducir riesgos climáticos. Los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina, por ejemplo, están programados del 6 al 15 de marzo, fechas que ya generan inquietud por el estado de las pistas.
El debate se da en el primer año de la presidencia de Kirsty Coventry, quien heredó de Thomas Bach una agenda marcada por la sostenibilidad. Bajo la gestión anterior, el COI reconoció de forma explícita que el cambio climático es uno de los mayores desafíos para la viabilidad futura de los Juegos de Invierno, tanto para encontrar anfitriones como para organizar competencias de alto nivel.