La noche del sábado en Tokio (madrugada en México), se midió en asaltos y en gestos. Sobre el ring, Juan Francisco Estrada caminó hacia un encordado que tenía forma de intento y terminó convertida en interrogante. luego de caer en nueve asaltos ante el japonés Tenshin Nasukawa, quien impuso ritmo, distancia y precisión en un combate que se inclinó desde los primeros intercambios.
El plan del japonés apareció con el primer campanazo. Entradas y salidas rápidas, golpes rectos y control del espacio. Estrada avanzó con su estilo reconocible, guardia alta, pasos cortos y la intención de cerrar la distancia. En los asaltos dos y tres encontró momentos, combinaciones que lograron frenar por instantes el flujo del rival, aunque sin alterar el guion general.
Las tarjetas tras cuatro rounds mostraban equilibrio parcial. Dos jueces marcaban empate, uno daba ventaja a Nasukawa. En ese punto, la pelea aún ofrecía rutas abiertas. El mexicano apostaba por la presión, el japonés por la precisión.
El giro llegó en el sexto asaldo. Un choque de cabezas coincidió con un impacto al cuerpo. Estrada retrocedió con señales de daño mientras Nasukawa aceleró. El réferi permitió la continuidad tras la revisión, pero la dinámica ya había cambiado. El japonés encadenó combinaciones y aumentó el volumen de golpeo.
En la séptima ronda, un derechazo y un uppercut marcaron el tramo más claro de dominio. Estrada volvió a la esquina con signos de desgaste. La lectura desde fuera era directa. El combate se desplazaba hacia un solo lado.
Las puntuaciones tras ocho asaltos ampliaron la diferencia: 77-75, 78-74 y 79-73. Nasukawa encontró con frecuencia el cuerpo y la zona media, mientras sus manos ascendentes conectaban con regularidad. Estrada resistía, pero su respuesta perdía consistencia.