Shohei Ohtani necesitó apenas dos innings para sacudir el Clásico Mundial de Beisbol. El fenómeno japonés conectó grand slam, produjo cinco carreras y lideró la paliza de Japón 13-0 sobre Taiwán en el Tokyo Dome, en un juego que terminó tras siete entradas por la regla de la misericordia dentro del Grupo C.
Ante un estadio completamente lleno, los aficionados japoneses recibieron exactamente lo que esperaban ver: una noche dominante de su mayor estrella. Ohtani abrió el juego conectando doble al primer lanzamiento, una señal de lo que vendría después.
El momento decisivo llegó en el segundo inning, cuando Japón armó una ofensiva devastadora. Tras colocar tres corredores en base, el receptor Kenya Wakatsuki fue dominado con foul al catcher y dejó la escena lista para Ohtani, quien castigó al abridor Hao Chun Cheng con un grand slam al jardín derecho.
Ese batazo detonó una entrada histórica.
Japón terminó anotando 10 carreras en ese episodio, dio la vuelta completa al orden al bat y mantuvo la ofensiva durante 28 minutos. El propio Ohtani volvió a aparecer en la misma entrada y agregó sencillo productor, cerrando el inning con cinco carreras impulsadas.
Con apenas dos entradas disputadas, el partido ya estaba completamente inclinado.
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La ofensiva japonesa añadió tres carreras más en el tercer inning, ahora frente al relevista Tzu Chen Sha, para colocar el marcador 13-0 y encaminar el juego hacia el final anticipado.
En el Clásico Mundial, el reglamento establece que un juego termina tras cinco entradas si la diferencia es de 15 carreras o más o después de siete si la ventaja alcanza 10 anotaciones, lo que finalmente ocurrió en el Tokyo Dome.
Mientras la ofensiva robaba reflectores, el abridor Yoshinobu Yamamoto, MVP de la última Serie Mundial con los Dodgers, cumplió en la loma.
El derecho trabajó tres entradas sin permitir hit, ponchó a tres bateadores y otorgó dos bases por bolas. En el tercer inning enfrentó su momento más complicado cuando dos pasaportes y un error llenaron las bases, pero el relevista Shoma Fujihira entró al rescate y ponchó a An Ko Lin para apagar la amenaza.